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Solo en el año 2013 se produjeron en España 95.427 divorcios y 4.900 separaciones  según el INE, lo que convierte este hecho en una realidad social que sumerge a muchas familias en un doloroso duelo en el que los niños son siempre los más vulnerables e inocentes. Esto no significa que por evitarles la experiencia, tengamos que hacer aquello de ‘no me separo por mis hijos!’ porque, aunque esta decisión es muy personal, tampoco les hacemos ningún favor brindándoles un referente de NO relación o de relación dolorosa y difícil.

 

‘Cada adversidad lleva consigo la semilla de un beneficio

equivalente o mayor a dicha adversidad’

Napoleón Hill

 

Cuando atravesamos un duelo de estas características, estar psico emocionalmente presentes para nuestros hijos durante el proceso, es difícil ya que todo lo que experimentamos, en la mayoría de los casos, nos resulta desgarrador. Esto, junto a las consecuencias habituales del divorcio, nos conducirá a un estrés emocional que se trasladará inevitablemente a nuestros hijos. Estos en función a su edad, personalidad y las circunstancias que hayan caracterizado la ruptura, lo expresarán de una manera u otra y lejos de asustarnos o preocuparnos, deberíamos centrarnos en abordar los aspectos que tenemos que tener en cuenta a la hora de facilitar y sostener el proceso de nuestros hijos.

 

Para facilitar que los más pequeños, vivan esta experiencia desde la serenidad y sin resultar injustamente heridos, hay una serie de aspectos que desde mi punto de vista, no debemos olvidar si damos el paso de separarnos y tenemos hijos en común:

 

1. No es posible separarse como padres. Esta idea es importante trasladarla tal cual a los hijos. Nos separamos como pareja, no como padres.

 

La persona de la que te separas formará para siempre parte de tu vida. Tenéis un hijo en común y esto os convierte en familia. Ese niñ@ es fruto y responsabilidad de ambos por igual lo ideal es mantener el respeto y la comunicación para poder seguir tomando decisiones conjuntas referentes a su educación y crecimiento.

 

También es cierto que lo ideal no siempre es posible. Si esta es la situación, céntrate en gestionar muy bien de tu 50% para balancear la situación y que tu hijo salga lo menos herido posible.  

 

2. Hablar bien del otro a nuestros hijos. Esta afirmación es muy correcta pero no se trata únicamente de hablar bien o mal del otro a nuestros hijos, se trata de expresar coherencia. Si tu le hablas bien de tu ex pareja a tus pequeños y cuando quedas con tus amigas te desahogas y la pones ‘verde’, hay una clara incoherencia que vuestros hijos van a captar en algún momento y a la que van a reaccionar.

 

La ruptura siempre es cosa de dos, antes de este hecho suelen haber habido crisis y síntomas de que la relación no acababa de fluir. Es importante analizar y explorar nuestras fortalezas y debilidades durante la relación, qué hemos hecho, qué no volveríamos hacer, etc, siempre con la intención de poder cerrar nuestro duelo de manera positiva. No contamines a tu hijo con tu dolor, él es inocente.  Te corresponde a ti como adulto transitarlo y transformarlo en aprendizaje y cuanto antes lo hagas mejor para todos.

 

Vuestro hij@, internamente siempre va a querer a su padre y a su madre por igual. Lo herís desde el momento en el que le priváis de poder amar incondicionalmente al otro, mirándolo desde el juicio, el enfado, el desprecio, el reproche, la exigencia o la incomprensión. Estos aspectos deberían durar en vosotros lo menos posible.

 

Una expresión contundente que uso con los padres separados que llegan a consulta cargados de ira contra su ex es: cada vez que insultas a tu ex, insultas a vuestro hijo, y este lo escuche o no, resiente esta agresión en su interior y la manifestará en forma de enfado, tristeza, rebeldía u otros'.

 

3. La verdad por delante, pero sin detalles. ¿Mamá, por qué os habéis separado? Esta pregunta es muy común y nos puede pillar por sorpresa sin saber qué decir. Es importante tener prevista la respuesta, expresando lo que ocurre de manera positiva, sin entrar en detalles y cuidando cómo nos expresamos.

 

A continuación te pongo algunos ejemplos de expresiones poco acertadas que he ido encontrándome en consulta, fruto de la impotencia y el dolor.  Te ofrezco una alternativa general que espero que te resulte útil:

 

Expresiones NADA acertadas:

 

'Tu madre ya no me quiere' -

'Tu madre y yo nos hemos separado porque tu madre prefiere a su nuevo novio',

'Tu madre me engañó, es una mentirosa, yo en cambio siempre digo la verdad',

'El novio de mamá nos robó a mamá, es un roba-madres',

'tu padre es un borracho y no podemos vivir con él',

'en realidad tu padre nunca ha querido tener hijos, quiere ser libre'

 

Alternativa ADECUADA general:


Tu madre y yo nos estamos mejor viviendo en casas separadas que viviendo juntos. Ahora aún nos duele porque no ha salido que queríamos (podemos poner algún ejemplo de cuando nuestro hijo se frustra por algo que no sale como esperaba).

 

Lo mejor para todos es vivir separados porque juntos no estábamos a gusto. Es doloroso, pero el dolor pasará y  podremos estar mas tranquilos cada uno por separado'.  

 

Si expresamos cosas como 'tu madre ya no me quiere' o 'prefiere a otro', el niño puede pensar que el amor es algo caduco y que mañana podría ser él al que dejen de querer, entrando en estrés. Es importante que si este tema no lo hemos gestionado bien, expliquemos al niño que hay muchos tipos de amor y que el de madres/padres a hijos es para siempre. Por otro lado, cualquier tipo de juicio o etiqueta negativa hacia cualquiera de los progenitores es siempre desacertada.

 

 

4. Abrazar a los hijos solo desde el amor. Tras una ruptura es fácil caer en la tentación de apoyarnos emocionalmente en nuestros hijos. Ellos simbolizan un amor incondicional muy accesible en un momento en el que estamos atravesando por un profundo vacío. Es importante que, en el momento de abrazar a nuestros hijos, pongamos un poco de consciencia y revisemos si lo estamos haciendo desde el dolor y/o la culpabilidad que sentimos por no poder evitarle esta situación. Sea como sea, antes de abrazar a tus pequeños conéctate con algo que te haga sentir agradecido, pleno y feliz, más allá de las circunstancias, y evitarás cargarlo con tu malestar.

 

5. No perder nuestra posición. Es importante, que nuestros sentimientos por no haber podido evitar a nuestros hijos esta experiencia, no nos lleven a perder la autoridad. Los niñ@s necesitan límites, una figura que les brinde seguridad, especialmente en este momento, en el que pueden sentirse especialmente vulnerables. Cuando nos sentimos culpables, algo bastante común en estos procesos, entramos a desvalorizarnos y esto, no solo nos hace perder fuerza, conduce a nuestros hijos al papel de ‘víctimas’ y a un posible chantaje emocional. Es importante aceptar el destino de nuestros hijos y acompañarlos a la aceptación de la realidad.

 

También es esencial no confundirlos haciéndolos sentir más importantes que a su propio padre o su propia madre, hayan hecho estos, lo que hayan hecho, ya que puede traducirse en una arrogancia difícilmente gestionable en nuestros hijos, a corto o medio plazo.

 

Aquello de ‘salgo adelante por mis hijos’, no es una expresión acertada ya que indica, que les cargas inconscientemente con la responsabilidad de ‘sacarte adelante’ y desde esta afirmación, los pones sutilmente por delante de ti mismo como adulto responsable, y por ende, de tu expareja. Mantener el orden es fundamental para que todos experimenten una separación lo más saludable posible.

 

6. Hij@, tienes un padre y una madre y estás completo. En muchas ocasiones, desde el dolor, sentimos que el otro es como si no existiese, porque no actúa desde el ideal que nosotros desearíamos, como padre o madre. Expresamos cosas como: “Pobre, si tuvieras un padre que se preocupase por ti”. Este tipo de afirmaciones hacen perder fuerza al pequeño anulando a uno de sus referentes. Deberíamos enfocarnos en ver lo que SI tienen nuestros hijos para ayudarlos a aceptar lo que tienen, sin compadecerse.: ‘Tienes un padre y una madre con formas muy diferentes de expresar lo mucho que te quieren y a través de ambos, tienes mucho que aprender’.

 

Otra opción es EL SILENCIO. Si vas a decir algo NO coherente a tus sentimientos, no decir nada puede ser una buena opción.

 

7. Papá y mamá te quieren, y cada uno lo expresa lo mejor que sabe. El dolor que genera una separación, y en ocasiones el que ya traemos de mucho antes, lleva a algunas personas a no poder mirar a los hijos sin sentir desgarro, y a proyectar en ellos, que son inocentes, sus heridas. Esto conduce a que algunos padres lleguen incluso a desentenderse de sus hijos o a tratarlos de un modo poco respetuoso desde el halo de su aflicción, haciendo afirmaciones comparativas poco afortunadas: ‘eres una fresca, igual que tu madre’, por ejemplo. Nuestra labor es siempre impedir que nuevas heridas envenenen nuestra alma y por ende la suya, y acompañar a nuestros hijos a comprender y aceptar lo que ocurre. Al fin y al cabo, cada uno sostiene el dolor lo mejor que sabe. ‘Tu padre te quiere, pero le resulta difícil expresarlo porque hay mucho dolor en él que no tiene nada que ver contigo’. Aunque si esto lo afirmamos sin creérnoslo, no servirá de nada.

 

8. Los hij@s no son nunca los responsables de una separación. Es importante aclarar esto en nuestros hijos, ya que la inmadurez psicológica propia de algunas etapas, sobre todo entre los 3 y los 10 años, puede llevar al niñ@ a sentirse culpable de la separación de sus padres.

 

9. Con los hij@s ni se chantajea ni se negocia. Ellos son totalmente inocentes, negociar con ellos es una absoluta falta de respeto del que hay que protegerlos. No los uses de mensajeros, ni de espías. Responsabilízate de lo que sientes y actúa en consecuencia. Si el otro no sabe hacerlo, no dejes que esto te hiera, respeta su proceso y confía en la capacidad innata de tus hijos para sanar sus heridas, esto les dará la fuerza necesaria para hacerlo. Si te sumerges en el enfado o en el dolor no les ayudas.

 

10. Iniciar una nueva etapa también es un aprendizaje vital. Esta, no tiene por que ser una experiencia traumática para vuestros hijos. Es una vivencia que puede aportarles muchos recursos si sabemos acompañarla de la manera adecuada.

 

Es importante que podamos respetar el proceso de nuestros hijos, sus tiempos y necesidades. En este sentido, ser un poco flexibles siempre ayuda. Es normal que puedan expresar que os echan de menos, o que en algún momento quieran estar más con un progenitor que con otro. Esto no significa que hayáis hecho nada mal o que os esté dejando de querer. Sencillamente están elaborando su duelo a su ritmo, y estas  necesidades pueden surgir. Vívelas con naturalidad, sin alarmarte, e intenta ser todo lo flexible que puedas sin que te tomen el pelo (ya me entiendes).

 

En la etapa entre los 4 -8 años, existe el PENSAMIENTO MÁGICO, y podemos encontrarnos niños que nos dicen cosas como: 'yo conseguiré que volváis a estar juntos con mis super poderes', 'le pediré a los Reyes Magos que volvamos a ser una familia' o 'siempre me dices que soy el Rey de la casa, así que como mando, os ordeno que volváis juntos'.  Solo son maneras que tienen los niños de expresar su necesidad de preservar la imagen interna de sentiros juntos. Si esto ocurre, anímale a hacer un dibujo de la familia (todos juntos) y recuerdale que siempre vamos a estar juntos como familia aunque vivamos en casas separadas con otras personas.  

 

Acompáñalo con respeto hacia sus sentimientos. Quizás lo que tu sientes hacia tu ex está muy lejos del incondicional amor que expresa tu hijo, pero no contamines su corazón con vuestra historia. 

 

Todo lo que hagamos y también lo que no, creará un referente para nuestros hijos que serán como semillitas para su futuro.

 

 

 

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