La Depresión. En un lugar llamado VIDA

Con todo mi amor, un mensaje de comprensión y esperanza para todos aquellos a quienes tengo la oportunidad de acompañar a transitar su DEPRESIÓN, para sus familias y para quienes la padecen, en primera persona o su entorno.

EN UN LUGAR LLAMADO VIDA

Amanecía cada mañana,

en un lugar siniestro

al que todos llamaban vida, en un espacio oscuro y denso entre la noche y el día.

Su mente lo había preso, hace ya mucho tiempo. no recuerda con que lo sedujo y lo hizo esclavo de sus adentros.

Solo recuerda amanecer confuso, fundido en su agotamiento, en eso que todos llamaban vida, sin ganas de estar viviendo.

Y era tan extraño como perverso; él recordaba la vida, su vida, con otro tono, con otro aspecto.

Pero era tan real: su mujer, sus hijos, su casa, su perro... era el mismo escenario, el de aquel recuerdo, pero frío, distante, eterno; sin el calor de sus sentimientos.

Su corazón parecía parado: ya no lo agitaba el hambre, ni el amor, ni sus miedos; no había nada en el baúl de sus sueños, solo un inmenso vacío, tan doloroso, tan intenso, que engullía su alma agotada, como un agujero negro. Y amanecía cada mañana, en un lugar siniestro al que todos llamaban vida como si fuera un terrible sueño, en que su mente lo torturaba con la soga de sus lamentos:

asfixiándolo con la culpa

por no sentir un beso, por no llorar un verso, por no abrazar un sueño. por no querer seguir viviendo.

Y su voz interna le gritaba que estaba harto de sus desprecios, que estaba a punto de enloquecer, y gritarle al mundo su secuestro, para que alguien lo rescatase del dolor de sus adentros.

- ¡Basta ya! -le decía-, - ¡basta de sufrimiento! quienes te aman no se merecen ver retorcerte en tu lamento, sentir tu corazón vacío sentir en ti ese dolor infesto.

Y tomando valor amenazaba a su raptor con quitarse la vida para que que su mal se extinguiera como las brasas del fuego en la hoguera.

Entonces su mente perversa, con voz rota y siniestra, le recordaba que nadie,

nadie ahí afuera podía escuchar los gritos de su insolente voz interna.

​Que nadie le creería, si expresaba que de repente un día alguien robó el baúl de sus sueños.

Que nadie lo creería por no sentir calor de un beso, por no abrazar el amor de un verso, por no querer ver crecer a sus hijos por no aterrarle mas morir, que seguir viviendo. Y su mente, enferma y siniestra, le recordaba que estaba solo, preso de sus tinieblas, en un lugar siniestro al que todos llamaban vida, en un espacio oscuro y denso entre la noche y el día,

Que no había ni fuga ni recompensa, que pudiese librarle de su secuestro: y se retorcería para siempre entre el dolor de sus recuerdos.

Y en su desesperanza buscaba el letargo para dormir a su mente oscura y encontrarse con el silencio.

En sus sueños su alma lo sostenía susurrando, a su valiente voz interna que sí había salida para huir de aquel infierno:

transformando su ira y sus miedos, su tristeza y sus lamentos, desarmaria su mente perversa colmandola de amor sincero. Y cuando despertaba y aún notaba apretando su cuello, la pesada soga de su tormento, entonces, recordando su sueño, transformaba su dolor en aliento: su culpa en pureza,

su ira en fuerza, su tristeza en sosiego y su dolor en amor eterno.

Poco a poco, su mente perversa sin los cimientos de aquella celda iba cediendo ante aquel hombre

confuso y perplejo ante el poder de su alma para devolverle sus sueños.

Pasaban los días y su lucidez en aumento recordaba a aquel preso, que el día que dejó de escuchar a su alma pasó a ser el rehén de su ego.

Y pasaban lo días y aquel hombre amanecía en un lugar llamado vida en un espacio precioso e intenso donde el día y la noche brillaban invitando a vivir sus sueños.

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Autor. Rebeca Pabón. Psicóloga, Coach & Terapeuta

www.rebecapabon.es

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La depresión es una ENFERMEDAD MENTAL y como todas las enfermedades,

queda exenta a la voluntad del paciente, y como con cualquier otro proceso,

que este suponga una transformación personal, O NO, es complejo y requiere trabajo, paciencia, y confianza, normalmente proporcionales a las heridas emocionales vividas y/o heredadas de quien la padece.

Para quienes acompañamos la depresión o para quienes conviven con ella,

es importante comprender que este proceso, está conteniendo unas heridas 'no cicratizadas', que si diesen rienda suelta a la ira que contienen, podrían poner en peligro la vida del paciente y quizás la de algunas personas de su entorno. Así que es importante mirar la depresión como una lucha interna e infernal por seguir viviendo más allá del dolor.

Quien la padece, merece sentirse acompañado desde la confianza, compresión, paciencia y respeto al que cualquier ser humano ENFERMO (o no) debería tener derecho incondicionalmente.

La incomprensión de estos procesos nos lleva, en demasiadas ocasiones, a crear situaciones violentas para quien las padece, ya que su desgana y apatía escapan a su voluntad.

Deseo que este escrito te ayude a poner un poco más de luz a esta ENFERMEDAD.

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