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El senderista y la fuente

August 23, 2018

Siempre tomaba el mismo camino en busca de un poco de paz interna. Salia de casa de la mano de su soledad y caminaba horas y horas exhorto en sus pensamientos, sin apenas consciencia del precioso paisaje que lo envolvía. En un día caluroso, paró sediento ante una fuente conocida de su habitual ruta para refrescarse un poco. Presionó el botón y empezó a tomar del agua que salia con gran ansia, pero el chorro enseguida fue perdiendo fuerza hasta quedar en apenas unas gotas. Agitado por su necesidad, empezó a bordear la fuente en busca de una solución. Presionó varias veces el botón con distinta intensidad, golpeó el grifo con fuerza, pero nada, no había manera... Frustrado, triste y aún sediento, en su certeza de no conocer más fuentes en la zona, se quedó en una sombra sumiéndose cada vez mas en el letargo de su vacío, esperando abatido que el algún momento se decidiese la fuente a volver a servirle.

 

Al cabo de unos minutos, otro senderista se acercó a probar fortuna. De nuevo la fuente fue bordeada y golpeada con gran tesón y dureza. Nuestro amigo observaba la situación con mirada expectante y sonrisa burlesca:

 

- No funciona, ya lo intenté yo antes. Solo conseguirás frustrarte. El mejor refrigerio es esta pequeña sombra y esperar a ver si vuelve el agua, aún queda bastante para llegar al pueblo.

 

- Agradezco tu observación, pero prefiero seguir mi camino a quedarme esperando, le contestó. Es más apasionante seguir, el paisaje es hermoso y seguro que encuentro algún lugar donde refrescarme.

 

- No hay ninguno, conozco bien la zona y no hay más fuentes.  

 

- Bueno, gracias. Igualmente seguiré, que tenga suerte con la espera amigo.

 

El senderista, con una confianza firme y ciega, se decidió a seguir su camino dejándose sorprender por la abundancia y la belleza del entorno convencido de que en este iría encontrando estímulos que calmasen su sed y por qué no, ¡una fuente!... Su curiosidad y vivaz consciencia, le condujo hasta un sendero angosto entre la maleza y en apenas unos metros atisbó un riachuelo de agua cristalina entre dos rocas. Feliz y agradecido por el descubrimiento, se acordó aquel senderista, del hombre frustrado y sediento que contemplaba desde su vacío en silencio, aquella fuente sin agua, y fue a buscarlo agitado por la emoción su encuentro. 

 

- Amigo, ¡encontré otra fuente! ¡¿Quieres refrescarte conmigo en un sitio distinto y nuevo?!

 

Entonces, aquel hombre solitario y sediento, ante aquel gesto amable y sincero, ¡despertó!

 

Y se dio cuenta de lo testarudo y absurdo de seguir empeñado en tomar

de donde NO HAY MÁS, 

 

de lo poco apasionante de vivir esperando que las cosas 'sucedan'

sin ser tú el protagonista de tus encuentros,


de como la vida va cambiando el paisaje

para que vivamos despiertos, 

 

porque sin curiosidad y confianza,

vivimos durmiendo.

 

 

¿Cuántas veces nos frustramos esperando de quienes no pueden, no saben, o no quieren darnos LO QUE ESPERAMOS?

 

¿Cuántas veces no respetamos las decisiones, los procesos, de quienes eligen vivir esperando, siguiendo nuestro camino sin más?

 

¿Cuántas veces pasamos al lado de alguien, inmerso en su vacío, sin brindarle una mirada amable, sin invitarle a caminar con nosotros un rato para  apreciar otros paisajes?

 

 

Autor, Rebeca Pabón

www.rebecapabon.es